27. Sistemas minimalistas y la música de Erik Satie

Los juegos de rol con sistemas minimalistas se caracterizan por ser ligeros y centrarse más en las descripciones, interpretaciones y experiencia narrativa que en las mecánicas y reglas. ¿Qué tiene que ver todo esto con las composiciones del célebre músico francés?


I. La música de mobiliario

Erik Satie es uno de mis compositores favoritos, no sólo por la calidad de su música, sino por ser uno de los personajes más excéntricos que el mundo ha conocido. Son muchas las anécdotas que se cuentan de él y de las que uno puede dar buena cuenta simplemente con leer su libro “Memorias de un amnésico” (una suerte de autobiografía repleta de fragmentos geniales, excéntricos, divertidos y surrealistas).

En su honor, y mientras disfrutáis de esta entrada, ¿por qué no hacerlo con su música de fondo?

Ahora que estamos más cómodos y relajados, veamos qué es esto de la música de mobiliario.

Erik Satie vivió a caballo entre los siglos XIX y XX, y fue en muchos aspectos un compositor vanguardista. Dentro de sus múltiples excentricidades destaca su manía de realizar anotaciones en sus partituras dirigidas al intérprete, con un tono sarcástico, humorístico o introspectivo. Imagínate estar tocando al piano una de sus piezas y, en lugar de encontrar una indicación de tempo (moderato) o de técnica para un pasaje (ritardando) te comes un “toca como si nadie te estuviera escuchando” o “ignora tu propia presencia”.

En uno de sus más claros ejemplos de cómo de adelantado estuvo a su tiempo, Erik Satie concibió lo que más tarde conoceríamos como música de fondo, ese “hilo musical” hoy día tan asociada a aeropuertos y centros comerciales. Una música que está presente pero nunca es la protagonista, que nos acompaña pero nunca nos pide atención, que ignoramos mientras suena pero reclamamos cuando la echamos en falta…

A este tipo de música decorativa la llamó música de mobiliario, y así se lo explica en una carta a su amigo Jean Cocteau en 1920:

«La música de mobiliario es fundamentalmente industrial. El hábito -el uso- es hacer música en ocasiones en las que la música no tiene nada que hacer. Ahí se tocan valses, fantasías operísticas y cosas por el estilo, escritas para otro fin. Queremos establecer una música hecha para satisfacer necesidades “útiles”. El arte no entra en esas necesidades. La música de mobiliario crea una vibración; no tiene otra finalidad; cumple el mismo papel que la luz, el calor y el confort en todas sus formas.

Exijan música de mobiliario.
Ni reuniones, ni asambleas, etc. sin música de mobiliario.
No se case sin música de mobiliario.
No entre en una casa en la que no haya música de mobiliario.
Quien no ha oído la música de mobiliario desconoce la felicidad.
No se duerma sin escuchar un fragmento de música de mobiliario o dormirá usted mal.»

Aunque Satie firmó con ese término unas pocas composiciones, la realidad es que muchas más de su catálogo pueden considerarse (e interpretarse) bajo esa óptica: la de una música sin pretensiones, no para fijarse en ella sino para que nos acompañe mientras disfrutamos de otra experiencia (lectura, pintura, discusión…).

Y es precisamente esta idea de una música sin pretensiones y subordinada a acompañar el goce de otras experiencias distintas de ella misma la que me lleva al siguiente punto: los sistemas minimalistas en los juegos de rol.

II. La finalidad de los sistemas minimalistas

El sistema de un juego de rol funciona como un motor compuesto por muchas piezas que ayudan a que la partida pueda desarrollarse dentro de un determinado marco lúdico-narrativo. De hecho, el término que solemos utilizar para referirnos a las reglas concretas de un sistema es el de “mecánicas”, concepto que alude al funcionamiento de un aparato (“la mecánica de un reloj es compleja”), en este caso el propio juego de rol.

En este contexto, los sistemas pueden ser tan detallados que casi constituyen un fin en sí mismos, porque resultan atractivos y divertidos de utilizar al plantear una combinación de reto intelectual, estratégico y narrativo (gestión de recursos, diseño de la hoja de personaje, sinergias al combinar capacidades o habilidades…). Los manuales que incorporan este tipo de sistemas suelen tener muchas páginas y capítulos detallados donde se explican muchos subsistemas como el combate, la cordura, el uso de la magia, la creación de objetos, la superación de retos, las persecuciones, las tiradas enfrentadas… la lista es infinita.

Otros sistemas más minimalistas apuestan un enfoque más reducido, limitándose a fijar una serie de principios y directrices acompañados de unas reglas básicas que a veces caben en una o dos páginas. La idea, lógicamente, es la de facilitar o acelerar la preparación y ejecución de la partida (menos reglas que aprender, explicar o discutir).

Rol y Punto (R&P) es un sistema minimalista porque busca perturbar lo menos posible. Su intención es precisamente la de no llamar la atención de los jugadores para que puedan centrarse en lo verdaderamente importante: la interpretación de sus personajes y cómo reaccionar a la historia que se está narrando.

Del mismo modo que la música de mobiliario de Satie, el sistema de R&P acompaña la partida, no la fuerza en una dirección concreta ni la arrastra a constantes debates de “metajuego” que nos sacan de la experiencia inmersiva y narrativa. Cuando en un momento se requiere una tirada (el azar siempre es interesante) el sistema aparece, cumple su función y luego se retira en silencio, con humildad y sin orgullo, “ignorando hasta su propia presencia”…

III. Conclusión

En las fases iniciales en las que probaba el sistema de R&P recibí un comentario muy llamativo de parte de uno de mis jugadores: “El sistema me ha gustado mucho porque no he tenido la sensación de que hubiera un sistema en absoluto“.

Este comentario, que podría parecer decepcionante para quien está diseñando un sistema para un juego de rol (uno esperaría que le dijeran que “el sistema es bueno por X o Y”), me lo tomé como el mejor cumplido. En efecto, el sistema no había gustado por X o Y, sino que se había “sentido” adecuado para la partida precisamente por estar ausente. Siempre estuvo allí, pero nunca como protagonista, siempre apoyando en la sombra pero nunca reclamando el protagonismo de la discusión.

Un verdadero “sistema de mobiliario” que me gusta creer que agradaría al propio Erik Satie…