R & P

Para los que quieren jugar al rol y punto

21. El placer “masoquista” de la dirección

Másters, Dungeon Másters, Directores, Directoras (y similares) coinciden en quejarse del reto que supone dirigir una partida de rol, hasta el punto de considerar que una actividad esencialmente divertida se convierte a veces en un ejercicio de equilibrismo que resulta agotador. ¿Pero alguna vez nos hemos parado a pensar en la tremenda suerte que tenemos los que dirigimos?


Me parece acertado aprovechar la efeméride conocida como “El Día del Máster” (que nos recuerda que hace 18 años nos abandonó Gary Gigax, uno de los creadores del primer juego de rol) para reflexionar un poco sobre esta actividad tan ingrata y placentera a la vez como es dirigir una partida de rol.

Los DJ (término comodín con el que me referiré a partir de ahora a los y las que se han sentado alguna vez “detrás de la pantalla”) nos hemos quejado muchas veces de la dificultad inherente a la dirección, lo que nos coloca en una posición contradictoria pues, a la vez que disponemos de “mucho poder de decisión”, nos sentimos vulnerables y en soledad frente al resto de jugadores de la mesa.

¿Cuáles son los retos?

Ya los conocemos, pero veamos algunos de los más importantes:

  1. Aprender, explicar y aplicar las reglas
  2. Crear la aventura (o al menos bosquejarla)
  3. Ambientar la narración con descripciones llamativas
  4. Interpretar varios personajes no jugadores
  5. Mantener un raccord de todo lo que se ha hecho en sesiones anteriores
  6. Asegurar un ritmo adecuado
  7. Velar porque todos los jugadores se diviertan y tenga su momento de foco
  8. Dirimir las controversias que puedan surgir a varios niveles

Podríamos seguir, pero creo que se entiende.

Cualquiera que haya dirigido es probable que se vea representado en alguno de estos enunciados (espero que no en todos).

Pero entonces, si dirigir conlleva todo esto…

¿Por qué seguimos haciéndolo?

Salvo que seamos tontos de remate (cosa que no descarto en absoluto), los DJ deberíamos encontrar placeres escondidos en esto de dirigir.

Y placeres los hay, claro que los hay. Pero el problema es que a lo mejor no son tan obvios, así que hagamos un esfuerzo para destacar algunos de ellos:

  1. El reto intelectual y emocional de coordinar una narración colectiva e improvisada (ahí es nada)
  2. La posibilidad crear un pequeño mundo efímero que sólo vivirá durante unas sesiones, pero que quedará grabado (ojalá) en la mente de nuestros jugadores por mucho tiempo
  3. Alumbrar una forma de expresión artística única formada por retales de literatura, teatro e improvisación
  4. Poner a los jugadores en aprietos y maravillarse con sus ocurrencias
  5. Planear una trama y ver cómo todo se ajusta al plan… o no

Podríamos seguir, pero creo que también se entiende.

Muchos de los que hemos dirigido sabemos que, en el fondo, alguna de estas afirmaciones justifican el tiempo y la pasión con la que nos entregamos a los juegos de rol desde detrás de la pantalla.

Acabamos con una anécdota personal

Hace poco más de 1 semana tuve la suerte de participar en una partida de Delta Green bastante peculiar. Me apunté a una mesa a la que faltaba un jugador y, por suerte, contaron conmigo para llenarla.

Según el DJ, la partida sería una especie de “experimento”, y bien que lo fue: con decir que acabamos gestionando equipos enteros en una carrera contrarreloj y que el DJ tuvo que interpretar/gestionar más de 20 personajes, ya os podéis hacer una idea.

El DJ se devanó los sesos para brindarnos una experiencia inolvidable. “No vuelvo a dirigir algo así en mucho tiempo“, reconoció al terminar exhausto por el esfuerzo realizado.

Como jugador agradecido que soy, pienso que lo mínimo que se merece quien ha preparado y ejecutado en tiempo real esa aventura es que le reconozcan el esfuerzo realizado y agradecerle el privilegio de haber podido disfrutarla.

Pero sentía que debía dar un paso más.

Así que decidí invitar a ese DJ a “que se sentara a mi mesa”. Como quien ha comido muy bien en un restaurante y le dice al cocinero: “La próxima, te vienes a casa y te cocino yo”.

Así que ni corto ni perezoso le pregunté si podría jugar un martes y me dijo que sí, que la semana que viene perfecto. Así que, con más osadía que prudencia, le respondí que “trato hecho” mientras me preguntaba a qué demonios íbamos a jugar…

En estos cinco días y medio tuve que preparar dos personajes y escribir una aventura corta (que seguramente publique en breve) con ambientación de “Aquelarre”. Gracias a la simplicidad del sistema de juego de Rol & Punto, la partida acabó en un one-shot de manual que pudimos terminar en 1:45 de juego.

Lo más curioso de todo es que el día de la partida (anoche), los dos jugadores y un servidor que escribe estábamos bastante cansados (curro, familia, viajes, you name it…), y sin embargo estuvimos “pegados a la pantalla” como si no pudiéramos desconectar ni para parpadear.

Esta mañana, uno de los jugadores me dijo una de las cosas que más me han gustado escuchar como DJ:

Tendríamos que recuperar esto de jugar al rol y hacerlo más a menudo. Porque anoche, mientras jugaba, noté que estaba en un estado de “flow” en el que pude desconectar de todo lo negativo que a veces la vida nos pone delante y con lo que tenemos que lidiar a diario.

Por 1 hora y pico no hubo más trabajo, ni jefes, ni plazos, ni problemas económicos o familiares. Sólo exploración, diversión, interpretación y emoción.

Haber conseguido eso con 3 personas que no se conocen de antemano (al menos una de ellas), es simple y llanamente sobrecogedor…

Conclusión

Sé que el mérito del éxito de una partida se reparte entre DJ y jugadores.

Pero también sé que yo no hubiera disfrutado de esa partida tan particular de Delta Green si no hubiera sido por ese DJ que dedicó tiempo y pasión en garantizar mi disfrute.

Y del mismo modo, pienso que fue gracias a mí que anoche mis dos jugadores pudieron disfrutar de un momento íntimo que en muchas partidas de rol no es para nada habitual…

Es gracias a los miles de DJ que nos prestamos a ello que todos podemos disfrutar de esta maravillosa experiencia única que es jugar al rol.

Así que felicidades a todos y todas: porque jugar al rol es la caña, pero dirigir es cojonudo y lo sabemos.

Ahora, a seguir dirigiendo.


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