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Para los que quieren jugar al rol y punto

16. La elegancia de la desnudez

En esta entrada debatiremos sobre las ventajas e inconvenientes de apostar por un sistema de juego minimalista, uno en el que las reglas y mecánicas son tan escasas que casi parecen ausentes. ¿En qué lugar deja ello al Director de Juego? ¿Y a los jugadores? ¡Veámoslo!


Las reglas, como la ropa, nos protegen

En su origen, la vestimenta suponía una forma de protección: nos calentaba cuando hacía frío y evitaba que nuestro cuerpo sufriera heridas al contacto con la cara más desagradable de la naturaleza (como una zarza llena de espinas). Así empezó el ser humano a vestirse con pieles de animales o a procurarse calzado, guantes y prendas cada vez más resistentes para proteger nuestra delicada piel.

Los manuales de reglas de los juegos de rol, además de constituir el fundamento mecánico del sistema de juego de que se trate, cumplen una función similar al ofrecer cierta protección a los jugadores y al Director de Juego (DJ). Pero ¿protección frente a qué?

Las reglas rellenan los huecos que se van creando durante una partida. Pueden servir como muleta en la que apoyarse cuando el suelo está resbaladizo. ¿No sabes qué decir? Pues tira un dado. ¿No sabes cómo resolver un conflicto? Pues mira una tabla. ¿Los jugadores preguntan si pueden hacer algo que se sale de lo normal? Tranquilo, si el manual lo contempla se podrá decir que sí, y en caso contrario no será culpa del DJ…

Las reglas crean una especie de “justicia artificial”, una sensación de justicia objetiva que evita que tengamos que discutir, negociar o utilizar el sentido común.

La ausencia de reglas asusta porque el vacío debe llenarse con creatividad pura. Las reglas complejas funcionan como una armadura contra la incertidumbre de la narración.

Estar desnudo revela nuestra forma

Pero además de proteger, la ropa tambien oculta nuestra verdadera forma. A parte de por temas de pudor moral, en general no nos suele gustar que nos vean desnudos. Salvo que tengamos un cuerpo joven, bien formado, inmaculado o escultural, tendemos a ocultar la desnudez con algo de ingenio: esa gorra que tapa la coronilla calva, los pantalones ajustados oscuros que disimulan los muslos flácidos o ese jersey que hace lo que puede para ocultar los michelines…

No hay nada más puro y sincero que el desnudo de una persona, porque al no esconderse acaba revelando su verdadera forma.

Algo parecido ocurre cuando acudimos a sistemas minimalistas para nuestra partida de rol. Al carecer de reglas y tablas en las que apoyarnos (y detrás de las que escondernos), el DJ y los jugadores se muestran tal y como son y revelan sus virtudes y defectos al natural.

Un DJ desnudo:

  • debe tener un criterio impecable sobre la causalidad y las consecuencias (el mundo debe tener sentido lógico, no mecánico).
  • ya no tiene que pedir una tirada de percepción para ocultar una mala descripción, sino que ha de describir muy bien para que sus jugadores entiendan lo que hay alrededor de sus personajes.
  • al no haber iniciativa ni turnos estrictos, debe mantener en todo momento un ritmo de narración adecuado para que todos los personajes tengan el foco y los jugadores no se aburran durante el combate.

Un jugador desnudo:

  • no consulta la hoja de personaje como si fuera un menú para saber qué botón tiene que pulsar.
  • no tira por carisma o persuasión (intenta convencer con su simpatía o argumentos).
  • no está limitado por lo que dice la regla, sino por su imaginación y la lógica del mundo, lo que separa a los jugadores pasivos de los verdaderamente inmersivos.

Como un buen camuflaje, un reglamento denso y detallado puede hacer que una partida mediocre parezca funcional, dando la impresión de que “el sistema juega por ti”. Con sistemas minimalistas eso no es posible: nada va a sustituir una mala narración o una mala interpretación. Estás, como suele decirse, con el culo al aire (otra forma menos educada de decir “desnudo”).

Sin bonificadores ni tiradas de salvación, sólo quedan dos elementos: la ficción que compartimos y nuestra capacidad colectiva para comunicarla. Si el DJ falla, no hay un manual al que culpar; el aburrimiento es evidente de inmediato. La desnudez mecánica separa a quienes juegan “al sistema” de quienes juegan “a la historia”. Revela quiénes somos realmente como narradores (DJ) y cómo reaccionamos aportando a la narración colectiva (jugadores).

La desnudez es bella

¿Cuáles son las ventajas de quitarnos “la armadura” de las reglas?

Veamos algunas:

  • La historia fluye con mayor naturalidad, de manera orgánica, sin interrupciones. Se acabó eso de “espera un momento que voy a consultar la página 76 del manual…”.
  • Se genera una confianza total entre el DJ y los jugadores. Un estilo de juego minimalista requiere (y acaba consolidando) un pacto social muy fuerte en la mesa: “no hay reglas contra el DJ, sólo colaboración”.
  • Se revela la verdadera esencia de este tipo de juegos: el rol no está en los libros, sino en la conversación entre las personas.
  • Se produce una inmersión total al desaparecer la barrera entre la intención del jugador y la acción del personaje.
  • Se alumbra una vínculo muy especial, como una danza espontánea e improvisada de narraciones que es elegante porque es humana, no matemática.

Conclusión

Un sistema minimalista no significa “menos juego”, sino “mayor responsabilidad”.

Es por ello que no suele recomendarse para Directores de Juego novatos. Al no poder apoyarse en reglas ni mecánicas que han sido diseñadas para garantizar una experiencia de juego más o menos funcional, se requiere cierta experiencia y sentido común para conseguir que las decisiones se sientan justas.

Para los jugadores, la ausencia de reglas no constituye de por sí un gran problema, pues ello les permite centrarse en interpretar a sus personajes y sumergirse en la historia (y si no saben algo, les basta con preguntarlo). Para el DJ, por desgracia, la cosa es bien diferente: hace falta ser valiente (o un poco atrevido) para tomar las riendas del juego y presentar una narrativa coherente y divertida que guarde una coherencia interna a ojos de los jugadores. Y todo ello sin más ayuda que el sentido común…

¿Compensan las ventajas a los inconvenientes? Sin duda alguna.

Como DJ, nunca me he sentido mejor que como cuando he podido disfrutar de la experiencia de narrar una historia sin sujeción a manuales ni reglas predefinidas. Cuando los jugadores colaboran en esta performance improvisada, el espectáculo efímero que constituye la narración compartida es algo difícil de describir con palabras.

Hay que vivirlo.

Hay que jugarlo.

Yo tengo claro qué experiencia rolera prefiero… ¿y tú?


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